“Este es mi hijo amado, en
quien tengo complacencia”
(Mateo 3:17).
Pero, Dios, en su gran
misericordia, de nuevo està enviando muchos “Juanes” (como el Bautista, voces
en el desierto) advirtièndonos… aunque, tristemente, està escrito que otra vez
sus cabezas serán cortadas por el acomodamiento y el orgullo religioso
insensatos como antesala a la venida del Cristo.
Con la diferencia que èsta
vez Cristo no viene a sufrir la ira del hombre, sino a derramarla sobre el
hombre (Apocalipsis 10:7 y 11:18). Y el juicio, va a empezar por casa (Iglesia)
(1ª Pedro 4:17) algo que ya estamos viendo, con el desprestigio del liderazgo a
nivel mundial, desprestigio que està llevando a las ovejas a alejarse de las
iglesias, pero màs lamentablemente aùn, alejarse de Dios. A través de la
historia hemos visto caer individuos, familias, pueblos y hasta imperios por
las mismas dos razones: “La inmoralidad y/o el dinero”. Concluimos diciendo: Unciòn
es una palabra con el respaldo de Dios, que nos “incita” a cambiar de vida para
agradar a Dios. Por el contrario, una interpretación personal, es la que nos “motiva”
momentáneamente, y que, va, generalmente en beneficio de quien nos la imparte.
Seamos como los de Berea… ¡No nos dejemos engañar, pues todas èstas pràcticas
son una burla a la soberanía y a los planes eternos de Dios! ¡Señor, dànos
discernimiento por favor! Y volvemos a repetir las palabras de Martìn Lutero:
“Exponer la verdad y tratar de vivirla… no es juzgar a nadie ni ponernos por
juez.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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