“Este es mi hijo amado, en
quien tengo complacencia”
(Mateo 3:17).
Estamos tan acostumbrados y
acomodados a las reglas ortodoxas (una prèdica o pràctica transparente y
cumplimiento de normas tradicionales), aunque esto NO necesariamente implique
que “esa” sea toda la verdad, que cuando alguien aparece y nos da otra arista
del asunto pensamos que necesariamente està en un error.
Por ejemplo: Una
“Dispensaciòn”, según los términos eclesiásticos, es: “Un período de tiempo
determinado, en el cuàl la salvación del hombre està basada en el cumplimiento
de las Leyes dados por Dios, para ese período de tiempo”. Ejemplo: “La Dispensaciòn
de La Ley”: En dicho período, que va desde el Monte Sinaì hasta la cruz, la
salvación del hombre dependìa del cumplimiento de las leyes que Moisès había
recibido en el desierto por mano de Dios. Pero, esa, no era toda la verdad.
Pues Dios había hecho una promesa, la cuàl se iniciò a cumplir con el
ministerio de Juan el Bautista. Pues tanto èl como Cristo predicaron una
doctrina fuera de la ortodoxa hasta esos días (La Gracia vrs. La Ley). ¿Estaban
equivocados? ¡NO! ¿Por què? Porque, esa, era simplemente “otra parte” de la
verdad (Jeremìas 31:31-33).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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