lunes, 23 de octubre de 2017

¿Unciòn o interpretación personal? (Parte cinco).


“Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia”
(Mateo 3:17).

Què son las falsas doctrinas y què dice la bìblia acerca de ellas: “La doctrina de la Prosperidad”: Sostiene que TODO creyente TIENE que tener riquezas (materiales), que si somos hijos del Rey, luego entonces somos príncipes “herederos” de sus riquezas. Pero hay dos problemas con èsta doctrina.

Uno, es realmente interesante que la “mayoría” de quienes la creen, la confiesan y la esperan NO la tienen. Por lo que empiezan a justificar su “mentira” con una verdad “que la prosperidad (material) no es, necesariamente, una cuenta de banco sino es paz espiritual, salud, armonía, tranquilidad, revelación, conocimiento, etc”. Negando asì, básica y evidentemente, ellos mismos, lo que predican y esperan: “La riqueza material”. Terminan confundiendo la “bendición” con la “prosperidad”. “Benditos” somos todos aquellos en quienes Dios ha puesto sus ojos, pero “prósperos” son aquellos a quienes Dios les ha dado (en lo material), màs de lo que necesitan (1ª Samuel 2:7). Y dos, que a quienes, eventualmente les funciona, terminan apartándose de Dios, pues la misma palabra dice que “nadie” puede servir a dos amos al mismo tiempo (Mateo 6:24). Olvidan, y por lo tanto no predican, que grandes hombres al servicio de Dios ni fueron ni “buscaron” la prosperidad material: A Elìas lo tuvo que alimentar una viuda pobre; Juan el Bautista vestìa con pieles de camello; Pablo vivió modestamente puesto que lo sostenìa el imperio, dado que se mantuvo preso casi toda su vida, y cuando estaba libre trabajaba, vea 2ª Tesalonicenses 3:8.

Señor: Danos un celo honesto por tu casa.


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