“Oh pueblo mìo, si oyereis
hoy mi vos”.
(Deuteronomio 28:1).
Uno de los clamores
principales, sino el que màs de Dios hacia el hombre es la obediencia. Dios ha
pedido al hombre que rija su vida, no a sus instintos e intereses, sino a los
lineamientos que èl le ha propuesto, que, dicho sea de paso, siempre son para
bien (Isaìas 55:8-9).
Ahora bien, la obediencia es
buena y perfecta cuando està en los lineamientos de Dios, y viene de Dios. Pero,
la misma escritura nos da a entender que la obediencia ciega al hombre… no. Ejemplos:
El apóstol Pablo nos lo presenta asì: “Mujeres, estad sujetas a vuestros
maridos como conviene en el Señor” (Colosenses 3:18); “Hijos, obedeced a
vuestros padres en el Señor” (Efesios 6:1). ¿Què significan las expresiones
“como conviene en el Señor”? Ejemplo:
Dios tiene una justicia moral que no se contradice, y toda “orden” que
contravenga esa justicia moral (Levìtico las leyes comparadas a los 10
mandamientos), NO tiene por què ser obedecida. Quizás el mejor ejemplo nos lo
diò Dios mismo con Abraham e Isaac, al evitar que sacrificara a su propio hijo.
Ejemplo: Una esposa o una hija no tiene por què caer en inmoralidades para
satisfacer una orden del esposo o padres, por mucha necesidad económica que
tengan, porque èstos no pueden o no quieren trabajar. La obediencia ciega ha
hecho daño aùn dentro de la jerarquìa eclesiástica, recuerde usted las
cruzadas, la inquisición y en los últimos tiempos las sectas.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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