viernes, 13 de octubre de 2017

La obediencia… ¿Tiene que ser ciega?



“Oh pueblo mìo, si oyereis hoy mi vos”.
(Deuteronomio 28:1).

Uno de los clamores principales, sino el que màs de Dios hacia el hombre es la obediencia. Dios ha pedido al hombre que rija su vida, no a sus instintos e intereses, sino a los lineamientos que èl le ha propuesto, que, dicho sea de paso, siempre son para bien (Isaìas 55:8-9).

Ahora bien, la obediencia es buena y perfecta cuando està en los lineamientos de Dios, y viene de Dios. Pero, la misma escritura nos da a entender que la obediencia ciega al hombre… no. Ejemplos: El apóstol Pablo nos lo presenta asì: “Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos como conviene en el Señor” (Colosenses 3:18); “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor” (Efesios 6:1). ¿Què significan las expresiones “como conviene en el Señor”?  Ejemplo: Dios tiene una justicia moral que no se contradice, y toda “orden” que contravenga esa justicia moral (Levìtico las leyes comparadas a los 10 mandamientos), NO tiene por què ser obedecida. Quizás el mejor ejemplo nos lo diò Dios mismo con Abraham e Isaac, al evitar que sacrificara a su propio hijo. Ejemplo: Una esposa o una hija no tiene por què caer en inmoralidades para satisfacer una orden del esposo o padres, por mucha necesidad económica que tengan, porque èstos no pueden o no quieren trabajar. La obediencia ciega ha hecho daño aùn dentro de la jerarquìa eclesiástica, recuerde usted las cruzadas, la inquisición y en los últimos tiempos las sectas. 


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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