miércoles, 4 de octubre de 2017

¡Entonces viene el fin! (Parte cuatro).



“De la higuera aprended”
(Mateo 24:32).

¿Còmo explicó Cristo el rapto?

Cuando esa Gran Tribulaciòn termine, el Señor viene por sus santos (Mateo 24:30-31; Marcos 13:26-27 y Lucas 21:27). Aquellos que merecen ser marcados con el sello de Dios (Apocalipsis 7:3 y 14). Y que lo lograron estando en perenne intimidad con èl, gimiendo y clamando (Ezequiel 9:4).

El apóstol Pablo nos lo enseña asì: “Los muertos en Cristo resucitan primero, y quienes hayan sido purificados entre los vivos le seguirán hasta encontrarse con èl en las nubes” (1ª Tesalonicenses 4:16). ¿A dònde, o, a què van los arrebatados? ¡A las Bodas del Cordero! (Mateo 25:1-13 y Apocalipsis 19:7), que resulta ser la “cúspide” de la vida de la Iglesia; la “gran razón” de la Iglesia; la “graduación” de los santos... ¡El Cordero desposando a su amada!   Ahora bien, ¿Quiènes toman parte de èste acontecimiento?  Pues van, según Apocalipsis 2 y 3, solamente quienes hayan triunfado. Y ¿Quiènes son los que triunfan? Tanto el apóstol Pablo en Hechos 14:22 como Apocalipsis capítulos 2 y 3 nos lo narran: La purificación, la santificación y la selección, AÙN entre los santos, viene por sufrimiento, por angustias, por limitaciones… por tribulación, pero, vividos con “contentamiento”. Por ello es que no solamente NO creemos en la doctrina de la prosperidad y la declaración, sino creemos que son satánicas, porque no van acordes a las enseñanzas bíblicas al ser doctrinas escapistas, que miran la cruz como un “castigo” y no como un “dulce trato de Dios”. 


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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