“De la higuera aprended”
(Mateo 24:32).
¿Còmo explicó Cristo el
rapto?
Cuando esa Gran Tribulaciòn
termine, el Señor viene por sus santos (Mateo 24:30-31; Marcos 13:26-27 y Lucas
21:27). Aquellos que merecen ser marcados con el sello de Dios (Apocalipsis 7:3
y 14). Y que lo lograron estando en perenne intimidad con èl, gimiendo y clamando
(Ezequiel 9:4).
El apóstol Pablo nos lo enseña
asì: “Los muertos en Cristo resucitan primero, y quienes hayan sido purificados
entre los vivos le seguirán hasta encontrarse con èl en las nubes” (1ª
Tesalonicenses 4:16). ¿A dònde, o, a què van los arrebatados? ¡A las Bodas del
Cordero! (Mateo 25:1-13 y Apocalipsis 19:7), que resulta ser la “cúspide” de la
vida de la Iglesia; la “gran razón” de la Iglesia; la “graduación” de los
santos... ¡El Cordero desposando a su amada!
Ahora bien, ¿Quiènes toman parte
de èste acontecimiento? Pues van, según
Apocalipsis 2 y 3, solamente quienes hayan triunfado. Y ¿Quiènes son los que
triunfan? Tanto el apóstol Pablo en Hechos 14:22 como Apocalipsis capítulos 2 y
3 nos lo narran: La purificación, la santificación y la selección, AÙN entre
los santos, viene por sufrimiento, por angustias, por limitaciones… por tribulación,
pero, vividos con “contentamiento”. Por ello es que no solamente NO creemos en
la doctrina de la prosperidad y la declaración, sino creemos que son satánicas,
porque no van acordes a las enseñanzas bíblicas al ser doctrinas escapistas,
que miran la cruz como un “castigo” y no como un “dulce trato de Dios”.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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