martes, 24 de octubre de 2017

¿Unciòn o interpretación personal? (Parte seis).


“Este es mi hijo amado, en quien tengo complacencia”
(Mateo 3:17).

“La doctrina de la Declaración”: Esta doctrina sostiene que usted “recibe” lo que “dice” con su boca. Por ello, tiene que tener mucho cuidado con lo que habla porque o se “ata” o se “libera” con sus palabras.

Hemos sido testigos presenciales de personas que NUNCA recibieron lo que declararon, y lejos de pensar en que la razón estaba en las manos de Dios, lo único que hicieron fue hacer sentir al creyente que no recibieron lo que pidieron porque “No tuvieron fe; no son dignos de recibirlo o estaban en pecado”. Lìderes incautos o mal intencionados confunden y desmoralizan a las ovejas, pues quieren apropiarse de la palabra de Dios, que sì tiene poder; como suya, para sus propios beneficios. Olvidan que nosotros somos creación y no creadores como lo vemos en Gènesis 1:27. La doctrina de la declaración no es bíblica, sino es un principio “motivacional” inventado al final del siglo XIX por el movimiento “Nuevo Pensamiento”, y difundido y puesto en pràctica en la Iglesia desde 1952 por Norman Vincent Peal con su libro: “El Poder del pensamiento positivo”. La escritura nos llama a estar “agradecidos”, no importando la situación en la que Dios nos ponga, virtud que èste movimiento niega (1ª Tesalonicenses 5:18).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.





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