“Dios no es hombre para que
mienta”
(Nùmeros 23:19).
Millones de personas están
siendo llevadas como ovejas al matadero, porque no quieren dejar la comodidad de
que “alguien” les diga lo què tienen que hacer, en lugar de buscar ellas mismas
a Dios para saber què desea èl que hagan (Salmo 5:4).
La Palabra de Dios nos dice
lo que està en el corazón de Dios, y si nosotros lo buscamos directamente a èl (por
ello fue que se rompió simbólicamente el velo del templo nos dice Mateo 27:51 y
Hebreos 4:16) entonces vamos a oìr su voz. Cuando escuchamos la “Palabra de
Dios” por medio de otra persona (sin comprobarla como los de Berea) corremos el
riesgo de que lo que escuchemos sea la “palabra del hombre”. Quizàs el ejemplo
màs claro està en las falsas doctrinas de la prosperidad y la declaración, pues
cuando estudiamos, por ejemplo, Hebreos 11, nos damos cuenta que “ninguno” de
los patriarcas, ni de los profetas, ni de los santos del Antiguo Testamento las
creìan y mucho menos las predicaban. Prueba de ello es que “jamàs” esperaron
que el fin era la prosperidad; y “nunca” declararon para ser librados de la
esterilidad; de la pobreza; del hambre; de ser perseguidos; de ser aserrados;
de ser martirizados, etc. Y si algunos tenìan “credenciales” suficientes para
ser oìdos y obtener una respuesta positiva eran precisamente ellos. (Lucas
9:22).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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