lunes, 16 de octubre de 2017

La Palabra (Dios) contra… la palabra (del hombre).


“Dios no es hombre para que mienta”
(Nùmeros 23:19).

Millones de personas están siendo llevadas como ovejas al matadero, porque no quieren dejar la comodidad de que “alguien” les diga lo què tienen que hacer, en lugar de buscar ellas mismas a Dios para saber què desea èl que hagan (Salmo 5:4).

La Palabra de Dios nos dice lo que està en el corazón de Dios, y si nosotros lo buscamos directamente a èl (por ello fue que se rompió simbólicamente el velo del templo nos dice Mateo 27:51 y Hebreos 4:16) entonces vamos a oìr su voz. Cuando escuchamos la “Palabra de Dios” por medio de otra persona (sin comprobarla como los de Berea) corremos el riesgo de que lo que escuchemos sea la “palabra del hombre”. Quizàs el ejemplo màs claro està en las falsas doctrinas de la prosperidad y la declaración, pues cuando estudiamos, por ejemplo, Hebreos 11, nos damos cuenta que “ninguno” de los patriarcas, ni de los profetas, ni de los santos del Antiguo Testamento las creìan y mucho menos las predicaban. Prueba de ello es que “jamàs” esperaron que el fin era la prosperidad; y “nunca” declararon para ser librados de la esterilidad; de la pobreza; del hambre; de ser perseguidos; de ser aserrados; de ser martirizados, etc. Y si algunos tenìan “credenciales” suficientes para ser oìdos y obtener una respuesta positiva eran precisamente ellos. (Lucas 9:22).


Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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