“Y
podremos ayudarnos unos a otros…”
(Romanos
1:12).
Pablo,
escribió la carta a los creyentes que habitaban en Roma (no a los romanos como
su nombre pareciera indicarlo, vea el verso 7). Pues, ante la imposibilidad de
poder visitarlos, situación que se le había impedido (vea el verso 10), es
urgido por el Espìritu con el motivo de expresarles las razones.
Primero,
explicarles el por què es importante reunirse con los hermanos: “ayudarse
mutuamente”, en lo material lógicamente pero màs en lo espiritual (vea el verso
12 final) para que la fe no solamente no decaiga sino se acreciente. Y, luego
de echar una vista a la carta podemos entender mejor el segundo objetivo:
Pablo, les estaba recordando, aunque sea en “semillas”, cuàles eran las doctrinas que habían de
guardarse o respetarse, quizás por ello, los eruditos han dado en denominar al
libro de Romanos: “La Constitución del cristiano”. Uno, el justo vivirà por fe
(1:17); dos, la existencia establecida del juicio de Dios (1:18); tres, las
consecuencias de la idolatrìa (1:23); cuatro, lo que Dios aborrece la
inmoralidad (Dios no castiga el sexo, lo que castiga es el mal uso del mismo)
(1:24); cinco, el resultado de juzgar a los demás (2:3); seis, la necesidad del
arrepentimiento (2:4); siete, la verdadera circuncisión (2:28-29); ocho, la existencia
de una condenación (3:8)… y asì podríamos seguir por los primeros 15 capìtulos
del libro. Y termina el libro en el capìtulo 16 exhortándonos a saber el nombre
de cada hermano, y el estar pendiente de sus necesidades, lo que apoya lo que
tanto hemos predicado desde èsta ventana: “Que SÌ somos guardianes de las
necesidades de nuestros hermanos”. Lo animamos a que lea el capìtulo 16 pues es una muestra interesante de còmo deben
ser nuestras oraciones.
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