"Y he aquì, que el velo del templo se rasgò en dos, de arriba a abajo".
(Mateo 27:51).
El velo del templo era una pieza de tela, que impedìa que los "sacerdotes" entraran al Lugar Santìsimo en donde estaba ubicada el Arca del Pacto en el Tabernàculo. No podìa entrar tampoco cualquier sacerdote, sino tan sòlo el "Sumo" Sacerdote y una sola vez en el año. Allì, entraba èl para expiar sus pecados y los de su pueblo, cualquier otro sacerdote que entrara morirìa. Es màs, el Sumo Sacerdote entraba con una cuerda atada a su pie, pues si no estaba en pureza y morìa, lo tenìan que halar de la cuerda pues si alguien entraba a sacarlo tambièn morìa.
El dìa en que Cristo muriò en la cruz para expiar los pecados del mundo, narra la historia que ese velo se rasgò dejando expuesta el Arca del Pacto a todo ojo, y se rasgò de arriba a abajo para mostrarle al hombre que era Dios quien estaba haciendo un Pacto con el hombre, no el hombre con Dios. Pues Dios sì respeta los pactos mientras que el hombre no. Ese acto divino, nos estaba enseñando que ahora ya no era necesario ningùn sacerdocio para expiar nuestros pecados, ahora ya tenemos acceso libre a ese trono de misericordia como dice Hebreos 4:16. Ahora NO necesitamos confesarle nuestros pecados a ningùn hombre, ni necesitamos la intervenciòn de ningùn sacerdote para expiar nuestros pecados... nosotros ya somos sacerdotes llamados y ungidos por Dios (no por los hombres) (1ª Pedro 2:9). Eso implica què, ahora nosotros en "nuestro" holocausto continuo, en nuestras oraciones personales y diarias podemos estar en la presencia de Dios, en cuya presencia èl nos enseñarà y nos guiarà a toda verdad. Es por èsta razòn que la palabra de Dios nos enseña tambièn què: "Bebamos el agua (el agua, sìmbolo o figura de la Palabra de Dios) de nuestra propia cisterna" pues es allì en donde el Señor tratarà con nosotros personalmente. No vamos a la iglesia a que el ministro nos enseñe la palabra de Dios, vamos a la iglesia para que el ministro nos "confirme" lo que hemos estado tratando con Dios durante nuestras oraciones, durante nuestro holocausto continuo, durante el tiempo que invertimos escabando nuestra propia cisterna. Si queremos aprender màs de la palabra de Dios, entonces asistimos a un Instituto Bìblico. Gracias a Dios por los ministros que han entendido esto, y nos dan la oportunidad de un Biblico en la iglesia. No es lo mismo que te regalen un tinaco de agua... a que tengas tu propio pozo.
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