“Señor,
no me des ni riquezas ni pobrezas”.
(Proverbios
30:8).
La
escritura marca muy bien los parámetros para que una persona que vive para
predicar el evangelio, viva del evangelio, pues claramente dice: “El obrero es
digno de su salario” (1ª Timoteo 5:18). Y nos enseña también que: “Asì proclamò
también el Señor, que los que viven para el evangelio es justo que vivan del
evangelio” (1ª Corintios 9:14).
Ahora
bien, las normas humanas marcan un salario mínimo para los trabajadores, pero
sin querer pecar de socialistas revolucionarios sino màs bien de humanitaristas
(personas que se enfocan en el sufrimiento humano), hemos de reconocer que en
la actualidad, y en especial en las naciones tercermundistas como las nuestras,
ese salario mínimo està muy pero muy por debajo del coste (costo) de la canasta
básica para la sobrevivencia familiar. Pero, volviendo al tema que nos
interesa, las iglesias debieran tener también un salario pero no mínimo sino uno
“decente” para sus líderes. ¿A què nos referimos con “decente”?, pues a uno que
les permita vivir sin angustias pero que tampoco sea “sin lìmites”, ya que,
aunque nos sea penoso reconocerlo està probado y por mucho, que la gran mayoría
de personas que se han alejado de la Iglesia o que no quieren siquiera saber de
la Iglesia, lo hacen porque se sienten o han sentido explotadas económicamente.
Dios
desea nuestro bienestar económico, seamos líderes o seamos ovejas en una
Iglesia, pero para ello es indispensable que seamos buenos y celosos administradores
de los recursos que Dios nos da. El Antiguo Pacto, dentro del cuàl una de sus
leyes era compartir el diezmo (o sea el 10% de las ganancias) caducò con la
muerte de Cristo, vea Hebreos 10:4. Pero, el Nuevo Pacto nos habla que debemos
compartir “dàdivas y ofrendas”. Muchos líderes, por intereses ocultos y oscuros
siguen predicando el diezmo como parte de un “status” que el mismo Cristo
hizo desaparecer hace dos mil años. Hoy,
el Nuevo Pacto, que deja obsoleto y caduco al anterior (La Ley), nos llama a
compartir de lo mucho que recibimos para que nuestros hermanos no pasen
necesidades, y, en ese sentido, acaso el mejor ejemplo que la escritura nos da
de còmo hay que vivir la Iglesia hoy en dìa quedó plasmado en Hechos 4:32 en
adelante. Pablo dice que trabajemos, pero no para nuestros deleites, sino para
ayudarnos unos a otros.
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