jueves, 26 de enero de 2017

La dignidad de un salario.

“Señor, no me des ni riquezas ni pobrezas”.
(Proverbios 30:8).

La escritura marca muy bien los parámetros para que una persona que vive para predicar el evangelio, viva del evangelio, pues claramente dice: “El obrero es digno de su salario” (1ª Timoteo 5:18). Y nos enseña también que: “Asì proclamò también el Señor, que los que viven para el evangelio es justo que vivan del evangelio” (1ª Corintios 9:14).

Ahora bien, las normas humanas marcan un salario mínimo para los trabajadores, pero sin querer pecar de socialistas revolucionarios sino màs bien de humanitaristas (personas que se enfocan en el sufrimiento humano), hemos de reconocer que en la actualidad, y en especial en las naciones tercermundistas como las nuestras, ese salario mínimo està muy pero muy por debajo del coste (costo) de la canasta básica para la sobrevivencia familiar. Pero, volviendo al tema que nos interesa, las iglesias debieran tener también un salario pero no mínimo sino uno “decente” para sus líderes. ¿A què nos referimos con “decente”?, pues a uno que les permita vivir sin angustias pero que tampoco sea “sin lìmites”, ya que, aunque nos sea penoso reconocerlo està probado y por mucho, que la gran mayoría de personas que se han alejado de la Iglesia o que no quieren siquiera saber de la Iglesia, lo hacen porque se sienten o han sentido explotadas económicamente.


Dios desea nuestro bienestar económico, seamos líderes o seamos ovejas en una Iglesia, pero para ello es indispensable que seamos buenos y celosos administradores de los recursos que Dios nos da. El Antiguo Pacto, dentro del cuàl una de sus leyes era compartir el diezmo (o sea el 10% de las ganancias) caducò con la muerte de Cristo, vea Hebreos 10:4. Pero, el Nuevo Pacto nos habla que debemos compartir “dàdivas y ofrendas”. Muchos líderes, por intereses ocultos y oscuros siguen predicando el diezmo como parte de un “status” que el mismo Cristo hizo  desaparecer hace dos mil años. Hoy, el Nuevo Pacto, que deja obsoleto y caduco al anterior (La Ley), nos llama a compartir de lo mucho que recibimos para que nuestros hermanos no pasen necesidades, y, en ese sentido, acaso el mejor ejemplo que la escritura nos da de còmo hay que vivir la Iglesia hoy en dìa quedó plasmado en Hechos 4:32 en adelante. Pablo dice que trabajemos, pero no para nuestros deleites, sino para ayudarnos unos a otros.

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