lunes, 23 de enero de 2017

Con quien YO quiera.

“Tendrè clemencia de quien YO quiera; serè compasivo con quien YO quiera”.
(Romanos 9:15).

Un hombre tiene un hijo, un nieto y un amigo. Al morir deja un testamento en el cuàl deja su finca al hijo; su casa al nieto, y una cuenta de banco a su amigo. ¿Quièn puede refutar ante cualquier persona, familiar, amigo o autoridad… dicha voluntad? Nadie. Pues era y es, la voluntad del testamentario.

Dios envió a su Unigènito Hijo a morir por los pecados de los hombres y en su testamento dejó escrito que: La “elección” de quiènes iban a recibir ese beneficio no dependìa de ningún ser humano sino solamente de èl, preguntamos: ¿Si un testamento humano no se puede refutar, quièn, entonces, puede o quiere refutar el del Hijo de Dios?. El Apòstol Pablo lo explica de la siguiente manera: “Asì que Dios tiene misericordia de quien èl quiere tenerla, y endurece a quien èl quiere endurecer” (Romanos 9:18). Y para quienes no entienden o no quieren entender sigue explicando: “¿Quièn puede oponerse a su voluntad? (verso 19); ¿Quièn eres tù para pedirle cuentas a Dios? (verso 20); y remata el asunto disertando: ¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios? (verso 21). Y por si alguien aùn piensa que Dios es o actùa con cierta injusticia, el Apòstol cierra su discurso de la siguiente manera: “Què indescifrables son sus juicios e impenetrables sus caminos” (verso 11:33).

Un ser clemente, es aquèl que es “considerado” en aplicar el castigo hacia otra persona; y, compasivo, es aquèl que siente “tristeza” por el sufrimiento ajeno. Eso y nada màs que eso es lo que Dios hace con sus hijos.


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