“Y serán días de gran
tribulación cual nunca la ha habido”.
(Marcos 13:19).
Dos últimas lecciones que
nos enseña Noè: Una: “Noè, vivió la Gran tribulación, pero no la padeció, que
es algo muy diferente… Y dos: “Las gentes NO entendièron el mensaje” (Mateo
24:39). Hoy, estamos viviendo exactamente lo mismo, hay quienes no entienden pero
lo que es peor aùn, hay quienes no quieren esforzarse por entender que sì la
vamos a vivir.
¿Hay, en medio de tanta
angustia, un consuelo, una esperanza?
¡La hay! ¿Por què se salvò
Noè? Uno: “Noè, hizo conforme a todo lo que Dios le mandò” (Gènesis 6:22). En
otras palabras: “Oir y obedecer” la voz de Dios es una clave. Dos: “Temor
reverente” (Hebreos 11:7). Noè, al estar apercibido de lo que Dios enviarìa
tuvo temor (un amor honesto por la verdad, celo de Dios no celos por la obra de
Dios). Hoy, tenemos que tener ese mismo amor o celo por la verdad, esa es una
clave “importantísima”. El Apòstol Pablo da una tercera clave: “Cuando digan
paz y seguridad”. Nòtese que dice cuando “digan” lo que implica un “clamor
mundial” por encontrarla pero que no implica necesariamente que la habrá. Como
ya vimos en las escrituras, Dios no actùa a espaldas de su pueblo ni de sus
verdaderos siervos (el remanente) (Gènesis 18:17; Amòs 3:7 y Apocalipsis 1:1 y 22:6)
por medio de los cuales nos previene. El punto es: ¿Reconoceremos a esos Hijos
maduros de Dios? ¿Estaremos dispuestos a dejar nuestras posiciones y pequeño
imperio, para oírlos, obedecerlos y seguirlos? ¿Estamos cultivando un honesto celo
por la casa del Señor, sin intereses personales ocultos? ¡Esas son las
condiciones para que la esperanza se cumpla!
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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