lunes, 11 de septiembre de 2017

¡El mayor título de un hijo de Dios!



“Se despojò a sì mismo”.
(Filipenses 2:7).

Cristo, el Mesìas, El Renuevo de Dios, Emanuel, el Tronco de la vara de Isaì, el Sol de justicia, el Salvador del mundo… se despoja de su magnificencia celestial para hacerse igual a los hombres y se hace llamar a sì mismo: “El SIERVO de Dios” (Filipenses 2:7).

Acaso la cualidad que màs resaltò en Cristo fue la humildad, y hoy, quienes decimos representar a ese Cristo lo que menos estamos mostrando es precisamente humildad. En contraparte vemos un puñado de hombres ambiciosos de poder; codiciosos de ganancias deshonestas; amadores de sì mismos que NO queremos conformarnos con ser llamados “siervos”. Nos hacemos llamar Licenciados, Apóstoles, Doctores, Reverendos, Padres, etc. con semejante actitud, preguntamos: ¿Còmo pretendemos hacer creer a un incrédulo que nuestro Dios es grande, si “nosotros” nos hacemos màs grandes que ese Dios? ¿Còmo pretendemos hacer que alguien que se apartò de los caminos de Dios se vuelva, si no sòlo mira que lo queremos explotar a èl sino mira que estamos explotando el nombre de Dios? Un “Siervo” de Dios sirve al ministerio… NO se sirve del ministerio; un “Siervo” de Dios està para alimentar a otros… NO para ser alimentado por otros; un “Siervo” de Dios fue puesto para dar comodidad a otros… NO para que otros le den comodidad a èl. ¡Cristo, cuando vino como SIERVO, se despojò a sì mismo…NO VINO PARA DESPOJAR A OTROS! (Zacarìas 7:10).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Pronto veremos “quièn” es siervo y “por què” son tan importantes.



No hay comentarios:

Publicar un comentario