viernes, 24 de febrero de 2017

¿Quièn era el ciego?

 “Escupiò en el suelo y con el lodo untò sus ojos”.
(Juan 9:6).

Habìa en Israel (figura de la Iglesia) un ciego de nacimiento (figura nuestra) al cual Cristo se encuentra. Los discípulos preguntan ¿Señor, quièn pecò, èste o sus padres? (figura de los razonamientos humanos). Y la respuesta aùn es vigente, “ninguno”, solamente es para que “la obra de Dios sea manifestada”. Y, sin que el ciego lo pida (figura de la misericordia), Cristo procede. Escupe en el suelo y con el lodo toca los ojos del ciego, y èste, recupera su vista.

Suena asqueroso pensar que alguien le escupa a uno, pero no cuando “entendemos” que èsto viene de parte de Dios, porque servirá para que “su gloria sea manifestada en nosotros”. El relato tiene varias lecciones que darnos. Primera: los fariseos se enojan con el ciego, pues creen que les està faltando el respeto (verso 18 y 40). Segunda: se enojan con Cristo, diciendo que no viene de parte de Dios (verso 16 y 29). Tercera: el resultado es que, al no poder comprender lo que sucede optan por “expulsar” de la sinagoga al ciego. Todo aquèl que no estaba de acuerdo con sus causas tenía el mismo fin, “era expulsado de la sinagoga” (vea 9:22 y 12:42, en donde vemos que muchos por “temor” no hablaban para no ser expulsados), pero sabían el motivo, afectaba los intereses de los fariseos (vea el verso 31-32). ¿Cuàl fue el problema de los fariseos? Los fariseos se aferraron a sus creencias y posición (vea el verso 28-29). Los fariseos al estar “dentro” de la sinagoga no podían entender que el ciego, desde fuera, viera, supiera y entendiera màs que ellos de Cristo. Y, a pesar de que el ciego jamàs fue altanero ni manejò mentira alguna (vea el verso 30) como ellos (vea los verso 31 y 40). Ante la falta de entendimiento de la verdad que el ciego portaba, los fariseos toman una defensa, desmerecer el testimonio del ciego: “Tù, que naciste sumido en pecados, vàs a darnos lecciones”. El ciego se fue de la sinagoga, pero se fue con la bendición de Cristo, los fariseos se quedaron con su sinagoga, “aferrados” a sus creencias y a su sistema de vida. Pero la pregunta después de ver el resultado final es: ¿Quìèn demuestra la historia que era el ciego? 



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