“Jesùs volvió a gritar con
fuerza, y entregò su espíritu”.
(Mateo 27:50).
Los creyentes encontramos en la
Bìblia que Dios creò a Adàn y que tuvo comunicación personal e ìntima con èl.
Creemos que de Adàn a Noè y de Noè a Abraham, solamente la simiente de Adàn
conocía a Dios, los otros pueblos del mundo no. Y, encontramos que Dios entre
ese mundo antiguo eligiò a Abraham (vea Josuè 24:2) para hacer un Pacto con èl,
al cuàl conocemos como el Antiguo Pacto. No confundirlo con el Antiguo
Testamento, pues el Pacto era solamente La Ley de Moisès, la historia y las
enseñanzas de los profetas son tan sòlo el complemento del Antiguo Testamento.
Y Dios le dice a Abraham en
Gènesis 12:2… “Vete de tu tierra y de tu parentela, a la tierra que yo te
mostrarè, y yo, harè de tì una gran nación. Luego le promete un hijo, que no es
Ismael sino Isaac (vea Gènesis 15:4) del cuàl vendrà esa gran nación (Israel no
los àrabes). Pero le dice que ese pueblo que vendrà le será desobediente, y por
ello, irà cautivo por cuatro generaciones (400 años) (vea Gènesis 15:13 y 16)
lo cuàl sucede. El pueblo es liberado por otro hombre elegido de Dios, Moisès.
Este lleva al pueblo a la tierra de Canaàn la tierra de la promesa. Allì, el
pueblo florece, pero, vuelve a la desobediencia entonces Dios da una sentencia:
“Te llamarè a celos con otro pueblo que no es mi pueblo, porque harè un Nuevo
Pacto” (vea Jeremìas 31:1 y 31). En ese Nuevo Pacto, Dios promete un Redentor,
pero ahora, ya no solamente para esa gran nación (Israel) sino para todo el mundo
y quien crea en èl (El Redentor) será salvo.
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